UNA DECLARACIÓN INICIAL ... DE 1952! 

 

Formschöne Lampen und Beleuchtungsanlagen

por Gerhard Krohn

Publicado en Munich en 1952 por Callwey

 

Las sensaciones del hombre son de preferencia ópticas. Nuestro bienestar aumenta cuando nos encontramos en recintos de efecto agradable. Todo nuestro ser las anhela. El espacio, a su vez, es percibido especialmente por la vista y la sensación. Es a la luz donde podemos apreciar los objetos visibles del mismo. Nos resulta sumamente agradable si todo lo que nos rodea está realzado por una iluminación acertada. Por lo tanto las condiciones visuales favorables constituyen un requisito indispensable para que el hombre esté a gusto, en los sitios que frecuenta. Pero éstos son tan variados como la vida en sí. Con todo nuestro ser estamos acomodados a que los objetos de nuestro alrededor cambien continuamente al efecto de la luz. De día nos apetece la luz del día; después de la puesta del sol nos agrada más bien una clase de luz que ilumine la oscuridad. – Es decir, también con respecto a la luz, el día debe seguir siendo día y la noche conservar todo lo propio de ella. Por eso no deberíamos oponernos al ritmo de la naturaleza, creando luz del día artificial, utilizándola al anochecer, a no ser que determinados fines especiales justifiquen realmente este proceder. Ya el hecho de que de noche prefiramos la luz de tonos cálidos, mientras que de día estamos acostumbrados a los de matices más bien frescos, debería preservarnos de incurrir en semejante equivocación.

 

Es fenómeno conocido que la luz influye en la impresión que nos hacen los objetos que nos rodean. En los recintos instalados por el hombre la luz no debe interpretarse como un mero suplemento, sino desde un principio como elemento decisivo del cuadro en conjunto. Esto debe considerarse especialmente en arquitectura, y en este sentido ha de interpretarse, tal vez, la definición del concepto de la “arquitectura de la luz”, formulado en la Comisión Internacional del Alumbrado que se reunió en 1951 en Estocolmo: “Con el término de ‘arquitectura de la luz’ quiere significarse una clase de alumbrado cuyo fin primordial es el de subrayar las características arquitectónicas de las obras de construcción, mientras que la rentabilidad no ha de desempeñar sino un papel secundario.”. – Todas las personas entregadas a la tarea de construir e instalar deben cuidar de que los efectos arquitectónicos deseados queden realzados en todo momento por la luz apropiada. Esto requiere la suficiente claridad y el buen efecto de sombras, un color favorable y la regularidad de la luz; asimismo la colocación de la luz a una altura conveniente y su amortiguación debida. Es decir, hay que tratar de conseguir para cada recinto el “clima de luz” que más convenga.

 

Para obtener la elección y disposición acertada de las instalaciones de alumbrado hace falta siempre fijarse cuidadosamente en la combinación armónicas de las condiciones y reacciones físicas, fisiológicas y psicológicas. Las posibilidades de alumbrar artificialmente que hoy en día están a nuestro alcance, desde la luz de la vela hasta los tubos de iluminación de alta tensión, son infinitamente variadas. Es por lo que nos resulta más fácil que nunca escoger cada vez la forma de alumbrado que más se adapte a las exigencias especiales de cada caso. Disponemos, además, de la posibilidad de gran diferenciación. Aquí no conviene esquematizar de antemano. – En este caso hay que considerar lo siguiente: El hombre suele tener siempre el deseo natural de distinguir en el espacio la subdivisión y la plástica. Por lo tanto las iluminaciones generales, pobres en sombras o sin ellas, le resultan desagradables, porque disminuyen la sensación de la corporalidad, porque suprimen el ritmo de luz y sombra y debido a ello producen la inseguridad de apreciar el espacio y los objetos que lo llenan.

 

Resumiendo algunas de aquellas condiciones fundamentales que en la creación de formas para el alumbrado constituyen la base elemental, de acuerdo con cierta determinación de normas alemanas puede decirse lo siguiente: “El alumbrado artificial debe satisfacer las exigencias de la utilidad práctica y de la rentabilidad de la salubridad y el buen gusto”. Teniendo en cuenta este requisito lo importante es hallar las formas que, además de tener efecto luminoso favorable, también correspondan a las condiciones arquitectónicas. No es fácil encontrar una solución que satisfaga en todo sentido. Además de un cálculo hábil, requiere también  una sensibilidad afinada con respecto a la línea y la plástica. Pero hasta ahora precisamente estas condiciones no se han cumplido apenas. Muchos fabricantes de cuerpos de alumbrado no han dedicado a la creación de las formas de atención y el cuidado que merece. Pero felizmente precisamente en este sector últimamente pueden acusarse claras tendencias de una mejora general.  A la solución de este problema contribuyen, especialmente, los esfuerzos de muchos arquitectos que tratan de crear cuerpos luminosos con buenos efectos del espacio. – A continuación se presenta una selección de ejemplos que demuestran sus esfuerzos por conseguir cuerpos de alumbrado de formas satisfactorias. Que sirva de estímulo para el esclarecimiento de los problemas existentes.

 

“La forma y el color abarcan la totalidad del mundo visible. La luz trasmite lo visible al ojo; el ojo lo entrega al hombre entero.” - Goethe